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Entrevista al novelista egipcio Sonallah Ibrahim sobre la revolucion; la imaginacion como acto transitivo

[Sonallah Ibrahim, Cairo, Spring 2011, Image from Elliott Colla] [Sonallah Ibrahim, Cairo, Spring 2011, Image from Elliott Colla]

[This interview was conducted in Arabic by Elliott Cola and translated/published in Spanish by www.rebelion.org

Entrevista al novelista egipcio Sonallah Ibrahim sobre la revolución: La imaginación como acto transitivo

[Traducción para Rebelión de Loles Oliván]

El mes pasado el novelista egipcio Sonallah Ibrahim se sentó con Jadaliyya para hablar de revolución, literatura e imaginación. Como siempre, el autor fue generoso: abordó su amplia visión sobre la política, la literatura y la vida. (Grabado en El Cairo, el 14 de mayo de 2011; el texto árabe se puede encontrar aquí.)
Elliott Colla: ¿Lo que ocurrió en enero y febrero fue una revolución?

Sonallah Ibrahim: Por supuesto que no fue una revolución. Una revolución tiene un programa y un objetivo, un cambio completo de la realidad o la destitución de una clase por otra. Lo que sucedió fue un levantamiento popular contra un régimen permanente. Su principal reivindicación era “cambio de régimen” aunque no estaba claro lo que significaba eso, excepto en el sentido de eliminar los símbolos más prominentes del antiguo régimen. Pero en cuanto a cuál iba a ser su política, o quién iba a estar a cargo, se resumía en un lema que apareció el primer día del levantamiento: “libertad, justicia social, y cambio”. Más tarde ese lema se convirtió en “derrocar al régimen”, pero no estaba claro exactamente qué más se iba a reivindicar. Naturalmente, eso tenía que ver con el hecho de que el movimiento no tenía una dirección clara y no existía un programa definido.

Elliott Colla: ¿Esperaba usted este levantamiento?

Sonallah Ibrahim: ¿Si esperaba lo que pasó? No. Durante mucho tiempo esperé una explosión de un tipo anárquico y destructivo. Pero nunca esperé ver un levantamiento pacífico, ordenado, que evitara la violencia. Pensaba que ese tipo de explosión podía ocurrir en cualquier momento. Sentí que el estado general de represión y frustración había llegado al punto de detonación. Lo que sucedió no fue una explosión de ese tipo en absoluto: fue más bien un levantamiento pacífico, de conciencia.

Elliott Colla: ¿Qué medidas deben tomarse para completar el levantamiento o para convertirlo en una revolución?

Sonallah Ibrahim: Es difícil responder a esta pregunta porque se deben dar pasos fundamentales. Llevar a juicio a Mubarak —ese es el primer paso— así como llevar a juicio a otras figuras prominentes del antiguo régimen. Eso es lo tiene que tiene que ocurrir. El siguiente paso podría ser llevar a cabo todas esas cosas de las que habla la gente, como celebrar elecciones limpias. Pero, ¿qué significa todo ello? Significa posponer la revolución o atravesar un periodo de transición hacia el tipo de Estado pacífico que permita a los partidos políticos turnarse en el poder, para que cambien los gobiernos y tomen forma diferentes programas. Significa la posibilidad de diferentes ideas sobre el futuro.

Elliott Colla: ¿Quién llevó a cabo el levantamiento?

Sonallah Ibrahim: Fue un logro colectivo producido por muchos individuos y grupos. Su historia comienza con las protestas que tuvieron lugar desde 2004, cuando Kefaya celebró su primera manifestación contra el plan de Mubarak de legar el poder a su hijo Gamal. Y con todas las pequeñas manifestaciones que siguieron a la de Kefaya que se hicieron más y más importantes. Y con las reivindicaciones colectivas presentadas por los grupos cívicos; con la crítica sostenida que se publicaba en la prensa independiente y todos los escándalos que publicaban. En conjunto, todas esas cosas contribuyeron a un estado de ánimo general en la gente que quería deshacerse de eso y poner fin a la situación. Se unieron diferentes grupos —como Kefaya, [el movimiento] 6 de abril y los sindicatos y las asociaciones profesionales. A veces —a veces— los Hermanos Musulmanes se involucraron aunque a lo largo de todo el tiempo estuvieran decididos a no entrar en una confrontación directa con el régimen. Y otras manifestaciones posteriores de oposición al Estado; todas esas cosas juntas dieron lugar al levantamiento del 25 de enero. Ninguna persona o grupo lo hizo por sí solo. El 25 de enero fue el logro de muchos grupos y el resultado de muchas historias por separado.

Elliott Colla: ¿Tiene algún consejo que dar a esos grupos?

Sonallah Ibrahim: En primer lugar necesitamos darnos cuenta de que el papel de Kefaya ha terminado. Ya no es necesario. Así que ahora de lo que hablamos es de partidos y movimientos de activistas en las calles. Y de la posibilidad de protestar y manifestarse normalmente en la calle sin problemas [causados ​​por las prohibiciones de la ley anterior]. No estoy en condiciones de darles ningún consejo. Mi único temor es que las tendencias religiosas reaccionarias tienen ahora una oportunidad. Ese es el problema al que hacemos frente en la actualidad: que algunas de las facciones religiosas intentan aprovecharse de la situación actual.

Elliott Colla: ¿Tiene algún consejo para el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas?

Sonallah Ibrahim: Es una pregunta difícil. En primer lugar, el Consejo es la criatura del antiguo régimen. En segundo lugar, no tenemos idea de lo que piensa ese Consejo. No sabemos cómo piensan o si hay diferentes puntos de vista entre ellos o no. ¿Hay un sector de izquierdas o de derechas en su seno? No lo sabemos. ¿Qué facciones políticas predominan entre ellos? No lo sabemos aunque tenemos la sensación de que dominan las tendencias islamistas. Esta sensación se deriva de que el primer comité que supervisó la reforma constitucional lo dirigió Tariq al-Bishri, un islamista. Había también un hermano musulmán en el comité que ha publicado recientemente unas declaraciones muy reaccionarias. Sin embargo, en este comité en concreto no hay ningún miembro de la izquierda ni facción alguna más que los islamistas.

Por otra parte, no tenemos información sobre el tipo de conversaciones que tienen lugar en el seno del Consejo Supremo. ¿Hay discusiones o se trata de dictados del [Mariscal de Campo] Muhammad Tantawi y del [Teniente General] Sami Enan? Ni siquiera conocemos la naturaleza de los vínculos entre el Consejo y el gobierno de Estados Unidos. Nos imaginamos que hay un lazo orgánico entre el Consejo o sus dirigentes y el gobierno estadounidense en virtud de sus antiguos lazos personales con Washington y con la ayuda militar de Estados Unidos. ¿Cómo se gasta esa ayuda militar y quién la supervisa? Sólo hay preguntas —sin respuesta— en torno a estas cuestiones.

En segundo lugar, ¿qué podemos exigir al Consejo Militar? Sólo pedimos que dimitan y que vuelvan a los cuarteles en cuanto hayan sentado las bases para unas elecciones libres. No les pedimos que se mantengan en el poder. No queremos vivir bajo un régimen militar; queremos un gobierno civil y democrático.

En tercer lugar, pediría al Consejo que adopte una posición más enérgica en relación con la cuestión de la violencia sectaria. Con ello me refiero a que tiene que tomar una posición más contundente en relación con las facciones religiosas en general y con las facciones islamistas extremistas, en particular. Tiene que ser asimismo contundente en lo que respecta a enjuiciar a figuras prominentes del antiguo régimen, empezando por Hosni Mubarak.

Elliott Colla: ¿Ha cambiado su opinión sobre el pueblo egipcio en los últimos meses?

Sonallah Ibrahim: Mi valoración sobre la fuerza de los grupos de la clase obrera y de la juventud ha cambiado, ciertamente. Y ahora siento un cierto malestar por el hecho de que aunque los trabajadores jugaron un papel en las protestas, en las huelgas y en las reivindicaciones colectivas, no están desempeñando una función clara en el proceso político en general. En cuanto a la juventud, yo no tenía mucha confianza en ella. Me imaginaba que su conciencia política se había modelado en los valores de nuestra sociedad de consumo —y nuestra sociedad está muy abierta a la influencia de las corporaciones extranjeras y a los valores occidentales. No me imaginaba que tuvieran la conciencia clara que tienen, ni esa capacidad de levantarse en defensa de los principios de la libertad y la democracia.

Elliott Colla: ¿Estás escribiendo sobre el levantamiento actualmente?

Sonallah Ibrahim: Es difícil escribir sobre un evento significativo cuando está sucediendo. Se necesita tiempo. Cuando uno escribe sobre algo puede querer ahondar en el pasado de hace cincuenta años para incluir antecedentes de los hechos.

Elliott Colla: ¿Existe la literatura revolucionaria?

Sonallah Ibrahim: No lo creo. Únicamente existen dos cosas: la verdadera literatura y la literatura que no lo es. La verdadera literatura no está motivada por la propaganda, bien en nombre del poder del Estado o en su contra. La verdadera literatura da expresión a la vida de los pueblos y a las aspiraciones naturales de los individuos. Y ello significa que necesariamente va en contra del poder. Ser un escritor de verdad implica tener una imagen integrada de la sociedad, de la historia y del futuro. Esa visión sin duda tiene que contar con una especie de postura de oposición, de resistencia frente a la realidad vivida y sus limitaciones.

La idea de una literatura revolucionaria caducó en los años 60 o 70; desde entonces hemos sabido que la “literatura revolucionaria” significa “agitación y propaganda”. Supongamos que alguien quiere escribir un poema o una novela sobre el Che Guevara —uno símbolo de rebelión y revolución. Vale. El paso del tiempo histórico ha demostrado que este personaje fue verdaderamente audaz, capaz de articular la esperanza y el deseo de cambio de millones de personas en todo el mundo. Pero al mismo tiempo, para que sea verdadera literatura, la trama tendría que tomar en cuenta la audacia del personaje — ¿cómo pudo el Che estar tan fuera de contacto de las condiciones reales en las que actuó? Se fue a Bolivia acompañado de unas pocas personas creyendo que podían cambiar las cosas en Latinoamérica repitiendo la experiencia cubana en lugares cuyas condiciones históricas eran muy diferentes.

Elliott Colla: ¿Qué pasa con la novela? Desde el 25 de enero he estado pensando mucho acerca de que los poetas escriben poemas en el momento de la rebelión mientras que los novelistas escriben a tiempo pasado, cuando el polvo se ha posado.

Sonallah Ibrahim: Correcto. Esa es la diferencia entre poesía y novela. La mayoría de las veces, la poesía responde a un evento sensible al tiempo. Su belleza radica en ser una reacción, incluso aunque carezca de una visión histórica completa. Pero a veces la poesía no es así en absoluto. Tomemos a Fuad Haddad o Yahin Salah —tenían la capacidad de dar voz a las cosas efímeras a la vez que proporcionaban un sentido de su profundidad histórica. Tenían una filosofía y una visión del futuro que no todos los poetas poseen.

Elliott Colla: ¿Y cuando nos fijamos en la novela en Egipto?

Sonallah Ibrahim: Una novela requiere tiempo. Una novela puede dar expresión a una visión global de un período histórico o de una época, o simplemente de una persona en un momento o similares, y luego entrar en su desarrollo. Por ejemplo, yo podría escribir una novela sobre una persona de la Plaza Tahrir. Pero para que sea una buena novela tendría que tener una firme comprensión del pasado, del momento presente y del futuro, de lo que sucederá o lo que podría suceder después. Todo esto es lo que implica tener una visión total.

Elliott Colla: Cuando pienso en todas las novelas egipcias que se han escrito sobre las revoluciones me llama la atención su pesimismo. Con un par de viejas excepciones —como La puerta abierta de Latifa Al-Zayyat o El retorno del alma, de Tawfiq al-Hakim— las novelas egipcias se muestran escépticas sobre la posibilidad de que la gente cambie radicalmente las condiciones en las que vive; tienden a presentar la idea de que las revoluciones no consiguen cambiar la sociedad de manera significativa. Ello es contrario a la tradición de la poesía revolucionaria en Egipto, que es bastante optimista y confía en la capacidad de las personas para cambiar su mundo.

Sonallah Ibrahim: Ello se debe probablemente a factores históricos o filosóficos. Consideremos la revolución rusa de 1917. En efecto, destruyó una sociedad en particular para intentar crear una nueva sobre bases diferentes. ¿Y cuál fue el resultado después de setenta años? En la filosofía marxista existe el principio de “la negación de la negación” que afirma que cualquier situación se compone de elementos contradictorios y que la lucha entre ellos pone en marcha una transición a una situación nueva y diferente que a su vez es el resultado de uno de los lados opuestos que supera a los otros. Y esa victoria de un elemento sobre el otro está sujeta, obviamente, a sus propias condiciones y así sucesivamente. La transición a una nueva situación no es el final del ciclo porque el proceso continúa. La nueva situación genera nuevas contradicciones que ponen en marcha una lucha entre ellas. Ciertas fuerzas triunfan —las fuerzas que, en un momento determinado y bajo las condiciones adecuadas, internacionales o regionales, poseen la capacidad y el potencial necesarios. En otras palabras, hay un proceso de lucha y derrota; una cosa niega a la otra sólo para que después sea asimismo negada.

El problema de Stalin fue que dijo: “Soy yo; no hay nada después de mí”. Eso, por cierto, era lo mismo que Francis Fukuyama argumentó en El Fin de la Historia y el último hombre. El error de Fukuyama es que él se pensó que el sistema capitalista había ganado y que todo había terminado. Simplemente no es cierto. El capitalismo está sujeto a cambios y es posible que de esos cambios surja un nuevo sistema. Es posible que sea la mezcla de diferentes sistemas. La vida está abierta a múltiples guiones y es posible predecirlos a través del estudio de la realidad en que vivimos. Estudiando las fuerzas que existen y sus posibilidades. Estudiando la forma de nuestro sistema económico y sus recursos, y las formas que tendrá el cambio climático. Estudiando donde están las armas y quién las posee. Estudiando los problemas y las oportunidades de todos estos elementos.

Fukuyama y Stalin tenían la misma idea: que estamos en la cúspide de la historia y que después no hay nada. Pero nuestra situación está llena de posibilidades. Incluso aunque prevalezcan los objetivos de este momento es posible que se pueda producir algún cambio real. Supongamos que se celebran las elecciones y que conseguimos un Parlamento que represente las diversas tendencias políticas que existen en el país. Supongamos que se elige un nuevo presidente durante ese proceso. No podría decir que ello representaría una victoria para nosotros. Dada la naturaleza de la vida humana, y teniendo en cuenta cómo se desarrollan las contradicciones históricas, tal victoria crearía otras contradicciones de otro tipo dentro de cinco o diez años. Estas darán lugar a otras luchas, a revoluciones de otro tipo, y así sucesivamente. El proceso sigue y sigue. El proceso de cambio y rebelión continúa. En otras palabras, una revolución no es el final de algo. No; habrá otra revolución. Creo que pronto se producirá otra revolución. Dentro de unos veinte o treinta años habrá una nueva revolución. Como Trotsky dijo: “Una revolución permanente”.

Elliott Colla: ¿Qué papel desempeña la Literatura en este proceso?, ¿o es solo un ornamento?

Sonallah Ibrahim: No, no es solo un ornamento. La literatura es la expresión de la vida en una sociedad en un determinado momento. Infunde la conciencia de la condición de una sociedad. Las novelas de Balzac y Tolstoi —tanto en el momento de publicarse como inmediatamente después— ayudaron a la gente a entender lo que estaba sucediendo en la sociedad y lo que podría ocurrir en el futuro. Al hacerlo, contribuyeron a ese proceso. Proceso que iba a producirse tanto si escribían sus novelas como si no, porque así es como se mueve la sociedad. Y la literatura es sólo un tipo de artefacto de los muchos que se producen en una etapa particular del tiempo. La sociedad produce literatura hoy y seguirá haciéndolo porque la gente necesita expresarse. Es necesario que haya personas a las que les guste crear en las diversas formas de expresión que podríamos denominar “novela”. Esas formas intentan explicar la realidad vivida, indagan en lo que podría suceder en el futuro y tratan de explicar el pasado.

Elliott Colla: Así que escribir novelas es una forma de propaganda para el objetivo de crear una conciencia colectiva.

Sonallah Ibrahim: Para mí, la práctica de escribir novelas es expresarme a mí mismo. Poner en palabras lo que pienso y aquello en lo que creo. Yo no escribo novelas simplemente para pedir esto o aquello. Escribo para que mi opinión sea pública pero mi opinión no contiene reclamaciones ni peticiones de cosas específicas.

Elliott Colla: Así que la escritura es el medio por el cual te expresas e interactúas con la sociedad, con todas sus dinámicas cambiantes. Y una novela, ¿no es una herramienta ya elaborada que se puede sacar de un cajón y utilizar para llevar a cabo un tipo de labor u otra, porque sólo mediante la escritura y la creación uno puede llegar a comprender la situación y lo que se necesita?. O sea, mi pregunta es: cuándo empiezas a escribir, ¿qué parte de la historia está ya en tu cabeza?

Sonallah Ibrahim: Sólo algunos aspectos y un marco general. Por ejemplo, al escribir sobre esta calle, o sobre el Egipto de 1919, solo cuento con un esquema general. Entonces estudio la calle. O estudio la revolución de 1919, o el tema sobre el que vaya a escribir. Lo estudio y trato de entenderlo. Intento ver sus diversos aspectos. Me sirvo del conocimiento cultural que he recopilado durante décadas para comparar y contrastar todas esas cosas, para comprender qué aspectos son de vital importancia y cuáles son sólo secundarios. Y trato de ver dónde se encuentran las contradicciones. Entonces trato de pensar dialécticamente, identificar las contradicciones y las derrotas. Así es como comienzo a estructurar una novela.

También utilizo las pequeñas cosas que una persona ve en su vida. Por ejemplo, en mi novela Código Napoleónico (al-Qanun al-Fransi), hay una historia de una relación entre un hombre y una mujer. En mi vida personal, nunca he experimentado tal relación. Pero pude aventurar lo que podría transpirar y en qué forma y cómo su relación se podría desarrollar.

Elliott Colla: ¿Quieres decir imaginar?

Sonallah Ibrahim: En este punto llegamos al proceso de la imaginación, o más bien: al proceso de crear mediante el acto de imaginar. Prefiero pensar en la imaginación como acto transitivo.

(Entrevista realizada con la ayuda de Karim Abdelradi).

[The original Arabic text of this article can be found here. The English version can be found here.]

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